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La reina Beatriz, alrededor de 1915.

Beatriz de Sajonia-Coburgo-Gotha (Kent, 20 de abril de 1884 - Pomasqui, 13 de julio de 1966) fue la esposa del rey Alfonso I de Ecuador, y por tanto la tercera reina consorte de ese país entre 1930 y 1966, cuando falleció. Por nacimiento fue, además, princesa del Reino Unido y posteriormente del Ducado de Sajonia-Coburgo y Gotha.

Biografía Editar

Beatrice Leopoldine Victoria de Sajonia-Coburgo-Gotha y Románov, nació el 20 de abril de 1884 en Eastwell Park, propiedad de sus padres en el condado de Kent (Reino Unido). Fue la quinta y última hija del príncipe Alfredo de Sajonia-Coburgo-Gotha, duque de Edimburgo, y su esposa, la gran duquesa María Aleksándrovna de Rusia. Era, entonces, nieta por línea paterna de la reina Victoria del Reino Unido y el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha; mientras que por el lado materno sus abuelos eran el zar Alejandro II de Rusia y la princesa María de Hesse-Darmstadt.

Como nieta de un monarca británico por línea paterna, Beatriz llevó el título de Princesa del Reino Unido, con tratamiento de Alteza Real. El caso de la pequeña BabyBee, como la llamaban cariñosamente sus padres, era bastante especial entre las princesas europeas, pues tanto ella como sus hermanos eran miembros de las dos familias reales más importantes del mundo en aquel momento: la británica y la rusa.

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La princesa Beatriz en su niñez (1887).

Beatriz pasó gran parte de su infancia en Malta, donde su padre servía en la Marina Real británica, al menos hasta el 22 de agosto de 1893 que la familia se mudó a Coburgo, cuando el príncipe Alfredo se convirtió en el heredero del Ducado de Sajonia-Coburgo y Gotha tras la muerte de su tío Ernesto II. Esto gracias a que su hermano Alberto Eduardo, por entonces príncipe de Gales y futuro Eduardo VII del Reino Unido, había renunciado a sus derechos a dicho ducado en favor de la sucesión a la corona británica.

Desde temprana edad mostró dotes para los estudios, cabalgar, nadar, tocar el piano y dibujar, este último pasatiempo que mejoraría con los años hasta convertirse en una hábil acuarelista. Tras el suicidio de su hermano Alfredo en 1899, y la de su padre en 1900, el Ducado de Sajonia-Coburgo y Gotha pasaría a manos de su primo Carlos Eduardo; aunque ella, su madre y su divorciada hermana Victoria Melita continuaron residiendo en el Castillo Rosenau.

En 1902 Beatriz asistió a la coronación de su tío Eduardo VII del Reino Unido, donde conoció a su primo, el gran duque Miguel de Rusia, hermano menor del futuro zar Nicolás II. En este mismo evento entabló gran amistad con su prima Victoria Eugenia de Battenberg, futura reina consorte de España.

Más tarde ese mismo año viajó con su madre y su hermana a Rusia, para asistir a la boda de la gran duquesa Elena Vladímirovna y el príncipe Nicolás de Grecia y Dinamarca. Allí volvió a encontrarse con Miguel y nació el romance entre los jóvenes, que tras separarse continuaron escribiéndose hasta que en 1903 la relación se enfrío debido a que la Iglesia ortodoxa rusa prohibía el matrimonio entre primos hermanos.

Viajó a Egipto con sus primos Battenberg, recorriendo los principales sitios arqueológicos levantados por los antiguos Faraones del Nilo. Su primo Leopoldo estaba enamorado de ella, pero nunca fue correspondido por Beatriz.

MatrimonioEditar

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La princesa Beatriz en edad casadera (circa 1905).

Se cree que Beatriz fue considerada como candidata para esposa del joven rey Alfonso XIII de España, pero que el enlace no se formalizó debido a la negativa de la princesa de renunciar a su fe luterana, por lo que en 1906 el monarca español terminó casándose con Victoria Eugenia de Battemberg, la prima favorita de Bee. Fue precisamente durante la boda que conocería al entonces príncipe Alfonso de Azuay, heredero de la corona ecuatoriana y el soltero más codiciado de la esfera monárquica mundial en ese momento. Por aquel entonces Alfonso contaba con 19 años de edad, mientras que Beatriz acababa de cumplir 22.

Beatriz y Alfonso fueron presentados por el gran duque Vladímir Aleksándrovich de Rusia, tío de la princesa, en un baile ofrecido por la Duquesa de Fernán Núñez en el Palacio de Cerbellón. Las primeras conversaciones de los jóvenes fueron en inglés, Alfonso la invitó a bailar y en un arranque de romanticismo juvenil le pidió matrimonio, por lo que Beatriz le asestó una cachetada por su impertinencia. Al día siguiente Bee y su madre saldrían a recorrer el sur de España.

Después los jóvenes volvieron a encontrarse en Munich, donde la infanta María de la Paz de Borbón, princesa consorte de Baviera, había invitado a Beatriz y su madre para un festival con fines benéficos. En cuanto se enteró de ello el príncipe Alfonso, que se encontraba visitando parientes por toda Europa, decidió que había llegado el turno de su tía Paz, y así aprovechar la ocasión para disculparse con la joven Princesa de sus sueños.

Después de separarse por segunda vez, los jóvenes iniciaron un intercambio epistolar que ayudó a mantener vivo el interés del Príncipe de Azuay en la joven princesa británica, y viceversa aunque con menor intensidad. En 1908 Alfonso regresó a España y volvió a encontrarse con Beatriz, que visitaba constantemente a su prima Victoria Eugenia, ahora reina, y por ello coincidieron en varios eventos de Palacio.

En esta época varios familiares persuadieron a Bee para aceptar el cortejo de Alfonso, que previamente había conseguido la aprobación de su padre como una posible candidata matrimonial. La Princesa regresó a Coburgo y el heredero ecuatoriano a Quito, sin una propuesta en firme debido a que ella no estaba dispuesta a renunciar a su fe luterana, lo que tuvo que ser debatido en el Parlamento ecuatoriano, que por su mayoría liberal finalmente se decidió por considerar la religión como un asunto privado de las personas sin importancia para temas del Estado.

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La princesa Beatriz en traje de novia (1909).

Conocedora de esta decisión, Beatriz comenzó a sentir la presión de su madre, la Casa real española que poyaba el enlace y un enamorado Príncipe de Azuay, que le escribió para avisarle que viajaría a finales de año. Alfonso llegó para las Navidades y fue invitado por la madre de Bee a pasar con ellas en el Castillo Rosenau. La Duquesa viuda estaba encantada con la idea de que un futuro Rey se haya fijado en su hija, y que hubiera hecho todo por que no tuviera que renunciar a sus creencias religiosas, por lo que se aseguró de que no faltase nadie de la familia para lo que ella creía sería una petición de mano.

El compromiso se anunció al mundo el 28 de diciembre de 1908, vía telegrama de la Embajada ecuatoriana en París. Alfonso regresó a Ecuador y Beatriz permaneció en Coburgo preparando su ajuar de boda. Finalmente la Princesa se despidió de su tierra y los suyos para emprender el viaje al otro lado del mundo, donde las Cortes Reales americanas aguardaban a su nuevo miembro y sería recibida por el Príncipe que había conquistado su corazón tras tres años de luchar por ella. Llegó a Quito a mediados del mes de junio y se hospedó en la Hacienda Pusuquí, misma que con el tiempo se convertiría en una de sus propiedades favoritas.

El enlace entre Beatriz y Alfonso se llevó a cabo con toda la pompa y bajo el rito católico el 15 de julio de 1909, en la Basílica del Sagrado Corazón, seguido por una espléndida recepción en los salones del Palacio de Alameda. Tal como habían acordado, una nueva ceremonia más privada e íntima, esta vez bajo la fe luterana que practicaba la Princesa, fue celebrada en la Capilla del Palacio Real, seguida por un almuerzo tradicional al estilo de Coburgo en la Hacienda Pusuquí.

Inmediatamente después del enlace partieron de luna de miel hacia las islas Galápagos, destino que pondrían de moda entre las parejas nobles y aristócratas de recién casados. De allí continuarían en un viaje de un mes por diferentes playas de la costa pacífica americana, como Manta, Panamá, Acapulco y San Diego.

DescendenciaEditar

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La familia principesca de Azuay (1921).

Los entonces príncipes de Azuay, Alfonso y Beatriz, tuvieron tres hijos:

Princesa de Azuay Editar

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Princesa Beatriz de Azuay (1910).

Al regresar de su larga luna de miel, Beatriz y Alfonso decidieron establecer su residencia en el Palacio de Capelo, ubicado en el vecino valle de Los Chillos, tal como en 1888 habían hecho los padres del Príncipe tras su propia boda. El edificio había estado desocupado desde el ascenso de Antonio II en 1890, cuando toda la familia se mudó al Palacio Real de Alameda, aunque a menudo era el destino de fin de semana de algunos miembros de la familia.

En Capelo la pareja vivió un matrimonio feliz y relativamente privado, pues la distancia de su hogar con la ciudad ponía una barrera con las intrigas de la Corte. Entre 1909 y 1910 renovaron sus habitaciones y algunos detalles de los salones de Gala, como la colocación de los Tronos de Azuay en el Salón de Baile. A medida que sus tres hijos fueron creciendo y necesitando sus propio espacio, también cambiaron el uso y remodelaron algunas salas del segundo piso.

Entre sus primeras apariciones públicas estuvieron sus varias asistencias a la Exposición Universal de Quito, que estuvo abierta entre 1909 y 1910, lugar que le permitió compartir con el pueblo y la cultura ecuatoriana de una manera más cercana. En el mismo evento fue nombrada madrina del Pabellón Alemán, en el que incluso sirvió de anfitriona un par de ocasiones.

Su refinamiento, exquisitos modales y buen gusto en la moda la convirtieron de manera inmediata en el referente femenino a imitar, sobre todo entre las jovencitas que aspiraban conseguir un galán como el que ella había pescado en el príncipe Alfonso. Y aunque en comparación con otras princesas de su época resultaba muy austera, las generaciones más adultas no dejaban de criticarla por exceso de lujos, aunque en realidad se debía a que no había renunciado a su fe luterana y, por tanto, era una hereje en un país con mayoría tradicionalmente católica.

Pese a que su matrimonio con diferentes religiones había sido concertado gracias a los liberales, cuando estos solicitaron la salida de todas las órdenes religiosas en 1911, manifestó de maneras sutiles su rechazo al proyecto por parecerle un atropello contra la misma libertad de los fieles. Su genuina preocupación por los asuntos nacionales le llevaron a mantenerse siempre al tanto de la Crisis del Caucho en 1912, la Revolución Conchista de 1914, la Crisis del Cacao de 1920 y la consecuente crisis política que causó el ascenso del primer ministro socialista José Manuel Lasso de la Vega, que puso en riesgo la monarquía.

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Beatriz de Azuay como enfermera de la Cruz Roja.

En 1914 sirvió como enfermera en la Cruz Roja Ecuatoriana, atendiendo heridos de ambos bandos de la Revolución Conchista, lo que puso en evidencia su carácter maternal y le ganó la simpatía de la mayor parte del pueblo, especialmente de esa facción conservadora que aún la veía como una intrusa protestante.

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) rechazó, nuevamente de manera sutil, la política del Imperio Alemán y sus aliados, que la distanció de su madre por algunos años. Durante el conflicto también se preocupó diariamente de los soldados ecuatorianos que llegaban heridos desde Europa, así como de los procesos de repatriación de los fallecidos, llegando a sufragar de su bolsillo los gastos de más de 300 sepelios.

En 1922 presidió, tanto con su esposo como en solitario, algunos de los actos conmemorativos por el centenario de la Batalla de Pichincha. Para entonces la moderna y mucho más cercana familia principesca de Azuay era considerada el verdadero rostro de la monarquía ecuatoriana, una promesa de cambios y modernización en la Corona, y sin duda la figura de Beatriz había colaborado mucho en esa percepción.

La Princesa terminó de ganarse al pueblo cuando decidió convertirse finalmente al catolicismo, decisión que según sus propias declaraciones tomaba por amor y respeto al pueblo que la había acogido. Beatriz fue bautizada y recibida en su nueva fe con una sencilla y muy íntima ceremonia religiosa celebrada en la Catedral de Quito el 2 de febrero de 1928.

Reina consorte Editar

1943

La reina Beatriz en 1943.

El rey Antonio II falleció el 24 de diciembre de 1930, mientras la familia se encontraba reunida en la Hacienda Pusuquí por la temporada navideña. Al día siguiente el príncipe Alfonso fue proclamado Rey por el Parlamento, lo que convertía automáticamente a Beatriz en la nueva Reina consorte ecuatoriana.

Desde el inicio de su nuevo rol volcó sus actividades a la obra social y la dirección de varias instituciones en las que venía colaborando desde hacía tiempo, como la Cruz Roja Ecuatoriana, que la nombró presidenta vitalicia. No tuvo ningún encuentro en este sentido con su suegra, la reina viuda Eulalia, pues desde que esta vivía separada del difunto monarca, nunca había vuelto a intervenir de manera directa en ninguna actividad relacionada con su rol de Consorte real.

El gusto innato de Beatriz por las artes, en particular la música de cámara, la convirtió en el puntal de las actividades de la Gran Ópera Real de Quito y otras salas de concierto a lo largo del país, que recuperaron el esplendor perdido durante los últimos años de reinado de sus suegros. Tras ser nombrada benefactora del Museo Nacional de Alameda dedicó su labor a la modernización del mismo y a una efectiva campaña de propaganda internacional de su acervo.

No pocas veces el rey Alfonso, confió en la aguda inteligencia de Beatriz para tomar decisiones importantes, lo que también solían hacer frecuentemente sus tres hijos. El don de gentes de la Reina, la buena relación de su familia, y el contacto constante con los problemas del pueblo la convirtieron en la perfecta figura maternal de la nación, un símbolo del que Ecuador había carecido desde la muerte de la reina Luisa Fernanda en 1897.

Acostumbrada a emitir sus opiniones políticas de manera sutil, durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) apoyó abiertamente a los Aliados, tanto en conversaciones informales como en eventos oficiales, algo inédito para una Reina en aquella ápoca, sobre todo considerando que la monarquía paulatinamente había dejado de ejercer protagonismo político real a partir de la década de 1920.

En 1947 participó activamente en muchas de las celebraciones que se llevaron a cabo por el primer centenario de la llegada de la Casa de Orleans-Borbón al trono ecuatoriano. El evento principal, un gran baile con más de 5.000 invitados que se llevó a cabo en los jardines del Palacio Real de Alameda, fue cuidadosamente planificado por la misma Beatriz, que junto a su esposo sufragó también los gastos de docenas de verbenas para el pueblo en las principales ciudades del país.

Últimos añosEditar

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Los reyes Alfonso I y Beatriz en la Real Hacienda Pusuquí (circa 1965).

La década de 1950 se convirtieron en los años viajeros de Beatriz, que poco a poco delegaba sus actividades de beneficencia y presidencias institucionales a su nuera Amalia de México. En 1951 visitó en Suiza a su exiliada prima Victoria Eugenia de España, ya viuda del rey Alfonso XIII; mientras que en 1954 pasó una larga temporada visitando a sus primos en Reino Unido, a este viaje se le unió por unas semanas su esposo Alfonso, lo que le dió al viaje un carácter oficial.

Los últimos años de su vida los dedicó a refaccionar la Hacienda Pusuquí, que siempre había sido de sus propiedades favoritas, y en la que pasaba largas temporadas junto al Rey desde 1960, cuidando los viñedos e intentando vivir una vejez más tranquila. Los biógrafos de la Reina apuntan a que la vinatería unió aún más al ya de por sí enamorado matrimonio real en la última etapa.

Beatriz de Sajonia-Coburgo-Gotha, tercera reina consorte de Ecuador, falleció el 13 de julio de 1966 en sus aposentos de Pusuquí, en compañía de su esposo, hijos y nietos, que habían acudido a la finca para iniciar allí las vacaciones de verano, antes de trasladarse al Palacio de Palmas como cada año. La ceremonia de velación tuvo lugar de acuerdo al protocolo en la Basílica del Sagrado Corazón y enterrados en la Cripta Real del mismo templo, junto a los dos reyes y reinas consortes que le precedieron. Su esposo, el rey Alfonso I, le sobrevivió nueve años más, falleciendo en 1975.

Títulos, tratamientos y distinciones Editar

  • 20 de abril de 1884 - 22 de agosto de 1893: Su Alteza Real la princesa Beatriz de Edimburgo.
  • 23 de agosto de 1893 - 14 de julio de 1909: Su Alteza Real la princesa Beatriz de Sajonia-Coburgo-Gotha, princesa de Edimburgo.
  • 15 de julio de 1909 - 24 de diciembre de 1930: Su Alteza Real la princesa Beatriz de Azuay, duquesa de Pichincha, marquesa de Chatham y condesa de Iquitos.
  • 25 de diciembre de 1930 - 13 de julio de 1966: Su Majestad la reina Beatriz de Ecuador.

Distinciones honoríficasEditar

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