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Gualaquiza es una ciudad ecuatoriana, capital del cantón homónimo en la provincia de Sangay. Se ubica al centro-occidente de la región amazónica, en las estribaciones de la Cordillera Oriental de Los Andes, a orillas del río que le da su nombre. Tiene una altitud de 1.020 metros sobre el nivel del mar, posee un clima lluvioso tropical y una temperatura promedio de 20 grados centígrados.
Su población urbana es de 108.000 habitantes, que alcanza los 122.750 en la zona de influencia del cantón. Esto la convierte en la tercera más populosa de la provincia, después de la capital Macas y Sucúa, así como en la trigésimo quinta del país.
Historia[]
La ciudad fue fundada el 2 de octubre de 1816 por fray Prieto e Hilario Chica como un campamento en el proyecto para evangelizar a los indígenas shuar de la zona, y aunque no tuvo mayor importancia durante las siguientes décadas, después de la Independencia fue inicialmente incorporada al territorio de la provincia de Azuay, para posteriormente ser parte de Oriente y finalmente Sangay.
En 1857 la pequeña aldea fue escogida por la compañía inglesa Ecuador Land Company para convertirse en su centro de operaciones para la gran área de producción de quinina que el Gobierno ecuatoriano le había concesionado por noventa años en las estribaciones de la Cordillera del Cóndor, a cambio de la condonación de la deuda que mantenía con los tenedores de bonos.
Preparando el terreno para el inicio de las cosechas, en 1859 la Sangay Railway Company, formada por los mismos productores ingleses, solicitó al Gobierno un permiso para construir el Ferrocarril del Bomboiza entre Gualaquiza y la ciudad de Cuenca, donde empataría con la línea que se conectaba al puerto de Guayaquil, obra que fue inaugurada en 1870.
Entre 1870 y 1885 se vivió una verdadera fiebre colonizadora, atrayendo a migrantes principalmente italianos y asiáticos, que servían como mano de obra para los grandes productores ingleses y también los pequeños (ecuatorianos, irlandeses, franceses), que comercializaban la llamada Quinina de Sangay, pues por sus condiciones propias solía ser considerada la mejor del mundo.
Este periodo, conocido como la época de oro gualaquiceña, atrajo rápidamente migrantes y significó no solo el crecimiento de la ciudad, sino también su modernización y conexión al mercado internacional.
