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La primera guerra ecuatoriano-peruana fue un conflicto bélico producido en el año 1855 entre los reinos de Ecuador y Perú. Tras la firma del Tratado de Túmbes, los ecuatorianos recuperaron parte del territorio que habían disputado con sus vecinos desde la Independencia, y que corresponde a la actual provincia de Bracamoros y la región de Fluminay. Además, también se recuperó la provincia de Tumbes, que hoy pertenece a la República de Guayas.

Antecedentes Editar

La Deuda Inglesa Editar

A poco de fundarse la República del Ecuador en 1830, comenzaría a pesar en su desarrollo económico la llamada Deuda Inglesa, contraída con financistas de ese país para lograr los procesos independentistas de Latinoamérica. La ecuatoriana era fruto de la herencia del 21.5% de la deuda grancolombiana.

Entre 1830 y 1853 Ecuador no pudo pagar la deuda externa, y se buscó más de una vez el arreglo de la misma. En 1843 la Convención Nacional acordó el pago con la venta o arriendo de tierras baldías, el entonces presidente Juan José Flores proponía ceder territorios a los acreedores para un número determinado de colonos europeos, lo que no fue aceptado por los tenedores, que exigieron nuevos bonos incluyendo la capitalización de los intereses.

Modernizaión del Ejército ecuatoriano Editar

Como militar y miembro de una Casa Real depuesta, Antonio I comprendía que para conservar el poder en un país como Ecuador era prioritario poseer un ejército numeroso y bien armado para mantener el orden y defender el país, por lo que una de sus primeras decisiones fue reformar las fuerzas armadas para incrementar su eficacia.

Decidió modernizar el Ejército usando el modelo europeo, aprovechando la presencia y experiencia de las tropas francesas, españolas y portuguesas que habían llegado al país durante la Expedición Floreana. Los beneficios por enlistamiento, para así incrementar el número de soldados, consistían en la entrega de cuadras agrícolas en el Oriente y herramientas para trabajarlas, tal como había sucedido previamente con los soldados irlandeses que habían servido en la campaña del general Flores.

Entre 1848 y 1851 el general español Juan Antonio de Urbiztondo se encargó de reformar la Escuela Militar de Quito, época en la que se le cambió el nombre a Real Academia Militar de Ecuador, que desde 1850 comenzó a funcionar en la Hacienda Chillo-Compañía, dejada por los jesuitas tras su expulsión. Igualmente se abrió una extensión en Guayaquil dirigida por el general irlandés Leonardo Stagg en una hacienda confiscada de Daule. En ambos campus, los jóvenes cadetes aprendían idiomas (francés, portugués e inglés), realizaban ejercicios físicos y de equitación, aprendían tácticas militares y el uso de las armas. En 1849 se estableció además la Real Academia Naval de Ecuador, que funcionaba en Guayaquil y se guiaba bajo las órdenes del almirante español Saturnino Bustamante.

El núcleo central del ejército ecuatoriano estaba formado por las tropas europeas de la Expedición Floreana y los soldados locales, a los que se unieron campesinos, indígenas y algunos negros libertos. La Armada Real estaba al mando del almirante irlandés Thomas Wright, con gran experiencia en este campo, que modernizó los navíos existentes y aprovechó el astillero guayaquileño para la construcción de otros tantos. Con respecto a la artillería y las armas, en un inicio muchas fueron compradas a Gran Bretaña.

Con respecto a la artillería y las armas, en un inicio muchas fueron compradas a Gran Bretaña, pero Antonio pronto se dio cuenta del enorme gasto que eso representaba, así que en 1855 convenció al Parlamento de montar fábricas propias en Riobamba y Ambato respectivamente, dirigidas por expertos franceses. Además se constituyó la Escuela de Artillería, adscrita a la Real Escuela Superior Militar y destinada al aprendizaje de la construcción y mantenimiento del armamento.

Convenio Luzárraga-Mocatta Editar

Para cuando la monarquía se instaló en Ecuador la principal actividad económica que sostenía las arcas fiscales provenía de la agricultura, pues los sectores obrajero y minero se encontraban en ruinas desde la Independencia. Este panorama perjudicaba enormemente cualquier posible proceso de industrialización, por lo que Antonio I conformó un grupo de expertos economistas franceses y españoles a los que llamó Consejo de Hacienda, que en 1851 emitieron un informe de la precaria situación y las posibles medidas que se debían tomar para encaminar la nación hacia el desarrollo.

Entre las recomendaciones del Consejo de Hacienda estaba la refinanciación de la Deuda Inglesa, que ascendía a 424.000 libras esterlinas más los exorbitantes intereses. En 1853 se dio paso a la consolidación de dichos intereses, que sumaban casi dos millones y medio, y tras el proceso de refinanciación quedaron en 1'820.000, suma sobre la cual habría que emitir nuevos bonos estatales a un interés anual del 5%.

Las negociaciones para establecer el pago de la deuda refinanciada terminaron por formar la Ecuador Land Company, que agrupaba a gran parte de los tenedores ingleses, a quienes se les ofreció el intercambio de sus respectivos bonos por otros de carácter agrario en 100.000 cuadras de terrenos baldíos en la Amazonía ecuatoriana. Esto le ahorró al país el pago de 866.000 libras, pero perdió gran parte de la región oriental, que por cien años estaría administrada por la empresa.

Esta negociación fue oficializada en el Convenio Luzárraga-Mocatta, apellidos del ministro de Hacienda ecuatoriano y del representante de los tenedores de bonos, Antonio de Luzárraga y Elías Mocatta respectivamente. El sobrante de 616.000 libras sería pagado de acuerdo a lo estipulado por los siguientes años, al menos hasta que el Estado ecuatoriano emprendió una campaña secreta para la compra de bonos en 1863, lo que acabaría definitivamente con la Deuda Inglesa.

Desarrollo Editar

La concesión de tierras en la Amazonía, que se había hecho a los ingleses en el Convenio Luzárraga-Mocatta de 1853, ocasionó la protesta del embajador peruano Juan Celestino Cavero, que argumentaba de que parte de ese territorio le pertenecía a su país según la Real Cédula de 1802. Tras una larga insistencia, en noviembre de 1854 Antonio I expulsó al diplomático, ocasionando una crisis en la que Perú ordenó una expedición militar a Ecuador.

Para inicios de mayo de 1855 la Marina de Guerra peruana había llegado a Guayaquil y se dispuso a sitiar el puerto para cortar toda vía de comunicación de Ecuador con el mundo. Buscando una solución diplomática, el primer ministro Modesto Larrea y Carrión iniciaría una serie de conversaciones con su par peruano, Ramón Castilla, quien dejó en claro que ese país deseaba que Ecuador renuncie al 90% de su territorio amazónico.

Paralelamente, el 25 de mayo habían iniciado una serie de revueltas en la región de Arequipa, al sur del Perú, que se agravó por el descontento y sublevación de algunos oficiales de la Armada tras la derrota de la flota enviada a bloquear Guayaquil. Esta inesperada crisis interna provocó que los esfuerzos militares peruanos se dividieran en dos frentes, debilitando enormemente su capacidad de reacción y ataque.

Mientras tanto, en Ecuador, el rey Antonio I reunió un Consejo de Guerra formado por los generales Gérard ThierryJuan Antonio de UrbiztondoJuan José Flores y José María Urbina, quienes establecieron una estrategia bélica que consistía en el ataque. Se encargó la dirección de los Ejércitos a Urbiztondo, que designó a Flores para dirigir la División Costera, a Thierry la División Andina, a Urbina la División Oriental, y al joven general Francisco Robles para repeler cualquier intento de desembarco peruano en la costa del Golfo. Se designó también al general Saturnino Bustamante para comandar la flota naval en el mismo punto.

El primer enfrentamiento tuvo lugar el 12 de julio con la llamada Batalla naval de Posorja, cuando el general Robles impidió el desembarco en tierra de un batallón peruano en la costa de la localidad homónima. Considerándolo un acto abierto de guerra, Bustamante ordenó entonces que las bien armadas naves ecuatorianas atacaran a la flota peruana en el mismo punto, provocando su huida y la pérdida de una fragata. Posteriormente, el 8 de agosto volvieron a encontrarse en la península de Santa Elena con resultado similar, aunque sin pérdidas de barcos.

A inicios de octubre los peruanos lograron finalmente desembarcar algunos batallones para reconocer la costa de Jambelí, desde donde pretendían cruzar el estero Santa Rosa y tomar Puerto Bolívar. La flota ecuatoriana acudió en cuanto se enteró de la posición enemiga, provocando una vez más su huida y dejando alrededor de una docena de soldados que fueron hechos prisioneros. El 30 de octubre tuvo lugar la Batalla naval de Santa Clara, junto a la isla homónima, en la que las fuerzas navales ecuatorianas obligaron a los invasores a retirarse de manera definitiva, despejando así el Golfo y el acceso al importante puerto de Guayaquil.

El escenario de guerra se trasladó entonces a diferentes puntos terrestres de la frontera sur del país, en los que el Ejército ecuatoriano comandado por Flores y Urbina demostró una vez más su mejorado nivel, obligando al enemigo a retirarse en varias ocasiones. A fines de 1855 el líder de la revuelta arequipeña, general Manuel Ignacio de Vivanco, comenzó a comunicarse con el primer ministro ecuatoriano José Modesto Larrea, buscando concretar una serie de ataques que pusieran en jaque al Ejército imperial peruano de Ramón Castilla. Si bien Larrea no se mostraba del todo convencido del uso de esta medida de presión, la intervención del rey Antonio I en las conversaciones terminaron por convencerlo.

Ocupación ecuatoriana Editar

Aprovechando la situación y la coalición con los rebeldes arequipeños, que libraban sus propias batallas al sur del Perú y mantenían así dividido al Ejército peruano, el Gobierno ecuatoriano decidió que era el momento propicio para recuperar los territorios que Perú se había llevado en la década de 1830 bajo la excusa de la Real Cédula de 1802, así como el uti posesis iure que validaba como suyas las tierras ocupadas en la Amazonía.

Con las nuevas órdenes, el general Flores avanzó por la costa hasta tomar la totalidad del departamento peruano de Tumbes, dirigiendo un Cabildo abierto en el que lo declaró territorio incorporado al Ecuador el 11 de enero de 1856. Inmediatamnte se le unió el general Robles, para juntos avanzar hasta el río Chira, a casi la mitad del departamento de Piura, amenazando la ciudad de Sullana desde el 5 de febrero.

Por su lado, los generales Thierry y Teodoro Gómez de la Torre avanzaron desde Loja por la sierra, hasta la ciudad de Ayabaca, tomándola a nombre del Ecuador el 26 de febrero, declaración que se hacía extensiva a toda la provincia homónima. Por el lado oriental, en cambio, se abrió un frente comandado por el general Urbina que buscaba tomar la ciudad de Jaén, pero que sólo avanzó a tomar la provincia de San Ignacio el 2 de marzo.

Desenlace Editar

Con tres diferentes territorios tomados, una rebelión que se tornaba independentista en los territorios de Arequipa, y el Ejército peruano en clara desventaja debido a su división en dos frentes diferentes y distantes entre sí, el Ecuador consideró oportuno retomar la diplomacia para resolver a su favor el largo conflicto territorial que había mantenido con su vecino del sur desde la Independencia. Sin embargo, esta vez las conversaciones tendrían lugar entre los monarcas de ambos países, Antonio I y Jorge I de Perú.

Las llamadas Entrevistas de Sullana tuvieron lugar entre el 23 y 27 de junio, y en ellas se acordó, entre otros, los siguientes puntos:

  • Ecuador se retiraba del departamento de Piura, pero se quedaba con el de Túmbes, que reclamaba como suyo desde 1830.
  • Ecuador se retiraba de la provincia de Ayabarca.
  • Perú reconocía las provincias de San Ignacio y Jaén como territorio ecuatoriano, pues las reclamaba como suyas desde 1830.
  • Ecuador y Perú establecían su frontera oriental en las riveras de los ríos Marañón y Amazonas, la rivera norte para el primero y la sur para el segundo.
  • Perú se comprometía a reconocer de manera inmediata las nuevas fronteras acordadas.
  • Ecuador no abandonaría las ocupaciones mientras el Congreso peruano no aprobara el tratado y renunciara a toda futura reclamación.

El documento fue puesto a consideración de los órganos legislativos de ambas naciones, y tras una airada protesta de los peruanos, que debieron terminar aceptando las condiciones, el 13 agosto se firmó el documento conocido como Tratado de Tumbes, poniendo fin al enfrentamiento bélico, aunque no sería la última vez que ambas naciones se enfrentarían.

Consecuencias Editar

El acuerdo de Ecuador fue considerado una traición por el general arequipeño Manuel Ignacio de Vivanco, que esperaba ejerciera presión durante más tiempo en la frontera norte del Imperio peruano. Sin embargo, sí le había dado algo de tiempo adicional para reagruparse y reforzarse antes de continuar con las luchas, mismas que consiguieron la Independencia de Arequipa el 22 de diciembre de 1856.

Por otro lado, y en lo que respecta a las actuaciones de los generales ecuatorianos, Urbiztondo y Thierry se retiraron a la vida privada como héroes nacionales, Urbina fue agraciado con el título de Conde de Píllaro, Bustamante con el de Conde de Posorja  mientras que Francisco Robles con el de Barón de Santay. Además, los tres últimos fueron condecorados con la Orden Nacional del Cóndor en el grado de Comandante, mientras que los dos primeros ascendiern a los de gran collar y gran cruz respectivamente.

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