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José María Urbina y Viteri (circa 1888)

El Conde de Píllaro, alrededor de 1880.

José María Urbina y Sáenz de Viteri (Píllaro, 19 de marzo de 1804 – Pujilí, 4 de septiembre de 1891) I conde de Píllaro, fue un militar y político ecuatoriano, elegido como el tercer primer ministro de la nación, cargo que ocupó por dos periodos consecutivos, entre 1856 y 1864.

Pasó a la historia como el primer y único jefe de gobierno liberal en más de treinta años, desde la separación del país de la Gran Colombia y respectiva organización como república en 1830, hasta el nombramiento de Manuel Gómez de la Torre en 1872, ya bajo el sistema monárquico.

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Nacido el 19 de marzo de 1804 en la ciudad de Píllaro, actual provincia de Cotopaxi, era hijo del español Gabriel Femández de Urbina y Olarte, ministro tesorero de las Cajas Reales, y Rosa Sáenz de Viteri.

Aún no entraba en la adolescencia cuando fue enviado a Guayaquil para ser educado por el general inglés John Illingworth Hunt, que lo inscribió en la Escuela Náutica. A los 16 años ya era guardia-marina, y participó en el bloqueo al puerto de El Callao, último reducto español en Sudamérica. A los 20, ya como alférez de Navío, tuvo destacado papel en la Batalla de Punta Malpelo contra la invasión peruana del mariscal José de La Mar. Unos meses después pasó al Ejército y combatió en el Portete de Tarqui contra el mismo mariscal.

Ascendido a coronel, estuvo en la Batalla Miñarica junto a Juan José Flores y Vicente Rocafuerte, quien en 1835 lo nombró Encargado de Negocios en Bogotá pero fue cancelado debido a una supuesta mala conducta por su orgullo juvenil. Sin embargo, la verdad es que Urbina había impresionado bien a los neogranadinos. En el período marcista sucedió al coronel Martín Cucalón como secretario del Gobierno Provisional.

Después de la creación del Reino de Ecuador decidió volver a Quito y afiliarse al débil Partido Liberal, que con su figura y buen nombre empezó a posicionarse en la Sierra norte. Se postuló entonces a la Cámara del Congreso y fue el diputado con mayor número de votos, por lo que pasó a ocupar la presidencia de la misma.

Por su destacada participación en la Guerra de Pasto, en 1851 fue condecorado con la Orden Nacional del Cóndor en el grado de Comandante, además de nombrado Capitán General de la División Norte del Ejército. En 1854 fue llamado a ocupar la cartera del Ministerio de Guerra, desde la que debió dirigir el teatro bélico de la Primera Guerra Ecuatoriano-Peruana en 1855, en la que además se puso en la línea de fuego y obtuvo una contundente victoria para el Reino.

Apenas dos meses después del conflicto bélico, el rey Antonio I le otorgó el título de Conde de Píllaro por su destacada labor en el mismo, además de elevar su rango en la Orden Nacional del Cóndor, de Comandante a Gran Cruz. Poco después, Urbina renunciaba a la Cartera de Guerra para preparar su propia carrera hacia el Primer Ministerio por el Partido Liberal, del que se había convertido en la figura más prominente gracias a la gran popularidad que había ganado tras su desempeño militar.

En las elecciones celebradas en octubre de 1855 los liberales se hicieron por primera vez con la mayoría de escaños en el Parlamento, por lo que cuando se instaló la nueva legislatura en febrero del año siguiente, Urbina fue propuesto para el Primer Ministerio. Con el beneplácito del Rey y la juramentación parlamentaria, comenzó labores de manera inmediata.

Gobierno del Primer Ministerio Editar

Urbina inició su gobierno en los inicios del Gran Cacao, que sumado a la Fiebre de la Quinina que venía sucediendo desde 1850 y ya se encontraba consolidada, significó la migración del país hacia una economía estable y de desarrollo sostenido, permitiendo llenar las arcas públicas y utilizar los ingresos para la modernización del país.

Durante el primer año de Gobierno se suprimió los gravámenes a los bienes de primera necesidad y se expidió la controvertida Ley de Libertad de Estudios, en la que el Estado financiaba la totalidad de la educación primaria, pero se volvía privada y pagada para los colegios secundarios y las Universidades, que podían ser establecidos por cualquier persona siempre que respetara el currículo oficial.

La ley apuntaba a secularizar la cultura de la época, librándola de la tutela de la Iglesia Católica; pero no se atacó al clero, y aunque se expulsó a los jesuitas del territorio, se incorporó al arzobispo de Quito en el Consejo de Gobierno. El Rey y el Primer Ministro compartían el convencimiento de que la educación era la base del progreso, y que se debía empezar por la de los más pobres. De 10.679 alumnos que existían en el país en 1855, se aumentó a 21.659 en apenas tres años.

Como ejemplo en los avances educativos, en 1857 se reformó la Universidad Pública de Quito con la apertura de las facultades de Ciencias Aplicadas (física, química, matemáticas, astronomía), Ingeniería (ingeniería, agrimensura) y Ciencias Naturales (botánica, geodesia, geología, paleontología). De igual forma en 1859 la Facultad de Medicina aperturó las escuelas de Obstetricia, Enfermería y Veterinaria.

En 1857 el Gobierno concretó un préstamo con el Banco Casa de Luzárraga para financiar la construcción de los primeros tres navíos que conformarían la nueva flota naval ecuatoriana, misma que sería popularmente conocida como la Flota del Cóndor. Un año y medio más tarde en Guayaquil se comenzó la producción de barcos a vapor con casco de metal y hélice bajo la dirección del ingeniero naval ruso Ivan Afanasyevich Amosov, cuyo pago provenía directamente del bolsillo del rey Antonio I.

En 1858 la Austro-French Quinine Railway Ltd inició la construcción del Ferrocarril Transaustral, entre Guayaquil y Cuenca. Mientras que el 10 de agosto de 1859 Urbina asistió a la inauguración del primer viaje completo del Ferrocarril Transandino, construido por la Compañía del Ferrocarril Ecuatoriano entre el puerto guayaquileño y la ciudad de Quito. El júbilo estalló en la capital cuando la primera locomotora ingresó en la Estación Central como parte de las celebraciones por el quincuagésimo aniversario del Primer Grito de Independencia. Ese mismo año se inició la construcción del Teatro Nacional Sucre, obra proyectada por el Cabildo de la ciudad de Quito con el apoyo del Gobierno nacional y el impulso de la monarquía.

En 1858 también se promulgó la ley de libertad de vientres, propuesta por el diputado Francisco Aguirre Abad y apoyada por Urbina ante el Parlamento, misma que daba libertad a los hijos de esclavas que nacieran a partir de la expedición del documento. El 22 de marzo de 1859 sucedió el Terremoto de Quito, dejando graves daños en muchos edificios de la ciudad, así como en poblaciones y haciendas del Valle de Los Chillos, lugar en donde además produjo grandes grietas en el suelo. Sentido prácticamente en todo el país, los efectos se extendieron hasta las ciudades de Latacunga por el sur e Ibarra por el norte, dejando cientos de fallecidos en Machachi, Chillogallo y otras poblaciones del Valle, así como 30 muertos en Imbabura y uno en Cotopaxi.

Pocas semanas más tarde, y luego de un largo periodo de rediseño de la ruta para ampliarla al interior de la provincia de Loja, la Compañía de Ferrocarriles del Sur iniciaba la construcción de la Línea Transaurífera entre Puerto Bolívar y la ciudad de Loja.

Su segundo periodo primerministerial fue consecutivo, y coincidió con el inicio de la época de mayor bonanza económica de la producción de quinina de Austrasia, así como el aparecimiento de las grandes haciendas cacaoteras en las provincias de la región costera como Guayas, Los Ríos y Manabí. El auge de la quinina y las medidas proteccionistas del Gobierno impulsaron a que varios productores comenzaran sus propios laboratorios farmacéuticos para el tratamiento de la planta, y así poder exportar el producto elaborado a un precio mayor del que obtendrían si sólo seguían haciéndolo con la materia prima.

En 1860 se inició la construcción del Ferrocarril de Malbucho entre el puerto de San Lorenzo y la ciudad de Ibarra, a cargo de la Sociedad Hispano-Imbabureña de Ferrocarriles. En 1863 asistió a la inauguración del Ferrocarril Transaustral entre ​Guayaquil​ y Cuenca, construido por la Austro-French Quinine Railway Ltd. Ese mismo año también fue invitado por la Compañía de Ferrocarriles del Oriente a la ceremonia de inicio de la construcción del Ferrocarril de Quijos, que uniría las ciudades de Quito y Archidona.

Pese a que personalmente se oponía, tras una decisión del Parlamento debió declarar neutralidad ante la invasión francesa a México, que creó el ​Segundo Imperio​ y colocó en el trono de ese país a Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica. Finalmente, al haber cumplido dos periodos en el Primer Ministerio, y ya que por esa razón el Partido Liberal no podía volver a elegirlo, trabajaron en la candidatura de Manuel Gómez de la Torre. Sin embargo, la carismática figura del opositor Gabriel García Moreno había levantado enormemente las posibilidades del Partido Conservador, que terminó imponiéndose en las elecciones de 1863.

GabineteEditar

Ministerio de Guerra y Marina

Ministerio de Asuntos Exteriores

Ministerio de Hacienda

Vida posterior Editar

Al dejar el Primer Ministerio en 1864 se trasladó a la Hacienda Teresina, en Cotopaxi, que convirtió en una de las más productivas de la Sierra ecuatoriana. Viajaba con frecuencia a su palacio en Quito, donde ofrecía espléndidas recepciones y albergaba grandes reuniones del Partido Liberal, pese a que había renunciado a su presidencia en 1863. Entre 1872 y 1874 accedió a formar parte del Gabinete de Manuel Gómez de la Torre, como su ministro del Interior.

A finales de 1876 se alió al general Ignacio de Veintemilla en la llamada Revolución Veintimillista, que depuso al primer ministro conservador Gabriel García Moreno, y juntos se enfrentaron a las tropas enviadas desde la capital en Galte, cerca de Riobamba, el 14 de diciembre de 1877. Una clara derrota obligó a los constitucionalistas a replegarse hacia Latacunga, donde el 23 de diciembre fueron nuevamente vencidos por el Ejército veintimillista. Finalmente ingresaron a Quito el 26 de diciembre, tomando preso a García Moreno y exiliándolo a Francia tres días más tarde.

La primera acción de Veintemilla como autoproclamado Jefe Supremo del Reino fue disolver el Parlamento, asegurando que habrían nuevas elecciones más adelante. Mientras, conformó una Comisión Legislativa presidida por Urbina y otros liberales, que tendría las funciones reducidas de la Cámara de Diputados, y que castigó a los conservadores y a las comunidades religiosas mediante una exorbitante contribución económica.

Ocupó el cargo de presidente de la Cámara del Congreso y del Parlamento durante los periodos 1878-1882 y 1882-1883, cuando Veintemilla comenzó a planificar su auto-golpe de Estado para declararse dictador perpetuo.Urbina, entonces ya de 74 años, cansado de tantas luchas no quiso acompañarlo en esta aventura descabellada, y se retiró completamente de la escena política y militar en febrero de 1883. Su aliado sería finalmente depuesto en julio y huiría a Lima.

El Gobierno provisorio, presidido por el general José María Sarasti, ordenó se le juzgue en una Corte Marcial por alta traición a la Patria, pero fue perdonado por el Rey debido a su sincero arrepentimiento y en reconocimiento a los servicios que había prestado al Ecuador en el pasado. Se le condenó entonces a un encierro de por vida en sus propiedades de Pujilí, aunque no se le retiró el título de Conde.

últimos años Editar

Alejado de todo y con la única compañía de su esposa y sus hijos María Ana y José María, pues los otros tres lo repudiaron por su traición, no podía recibir visitas de coidearios ni militares. Dedicó sus últimos años a la administración de la Hacienda Teresina, en donde residía como preso y era la única que le había dejado el Gobierno a su nombre, ya que las demás habían sido repartidas entre sus hijos para quitarle poder económico.

Quien otrora fuera uno de los militares más brillantes de la Patria y de sus estadistas más capaces, falleció en total olvido el 4 de septiembre de 1891. Su esposa solicitó funerales de Estado pero le fueron negados, así que debieron enterrarle en la Catedral de Latacunga. En 1901 el Gobierno del liberal Francisco Andrade Marín ordenó el traslado de sus restos al Panteón Nacional de Jefes de Gobierno en la Basílica del Sagrado Corazón, de Quito.

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