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Luisa Fernanda de Borbón

La Reina Luisa Fernanda de Ecuador, por Franz Xaver Winterhalter (1849).

Luisa Fernanda de Borbón (Madrid, 30 de enero de 1832 - Quito, 2 de febrero de 1897) fue la primera reina consorte de Ecuador entre 1848 y 1890, cuando falleció el Rey. Era además una infanta de España por nacimiento y, por su matrimonio con Antonio de Orleans, princesa de Francia y duquesa consorte de Montpesier.

De conformidad con lo establecido en la Constitución de 1847, que reconocía a la Consorte como regente y cabeza del gobierno ante cualquier ausencia del Rey; y considerando que en efecto dicha regencia se produjo varias veces durante las giras del monarca al interior del país), la reina Luisa Fernanda fue la primera mujer gobernante en la historia de Ecuador.

Biografía Editar

Nacida en el Palacio Real de Madrid como María Luisa Fernanda de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, era la segunda y última hija del rey Fernando VII de España y su esposa, la reina María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Era, por tanto, nieta por vía paterna de Carlos IV de España y María Luisa de Parma, y por vía materna del rey Francisco I de las Dos Sicilias y su esposa, María Isabel de Borbón, también infanta de España.

Un hecho singular de su vida, poco conocido por los aficionados al arte, es que al morir su padre heredó la mitad del contenido del Museo del Prado, entonces llamado Museo Real y que era propiedad exclusiva de los Reyes de España. El riesgo de que la colección se desmembrase quedó por suerte eliminado, gracias a que se decidió que su hermana Isabel la indemnizase con dinero.

Matrimonio Editar

Antonio de Orleans y Luisa Fernanda de Borbón, duques de Montpensier

Los novios en una postal distribuida para dar a conocer el enlace.

La joven reina Isabel II de España, hermana mayor de la infanta Luisa Fernanda, había sido comprometida con su primo Francisco de Asís de Borbón, de clara tendencia homosexual. Pensando que la Reina no tendría herederos, Luis Felipe I de Francia planeó el matrimonio de su último hijo, Antonio de Orleans, con la única infanta de España, de tal manera que algún día sus nietos serían reyes del país.

La boda se celebró el 10 de octubre de 1846 en el Salón de Embajadores del Palacio Real de Madrid; el novio tenía 22 años y ella 15. En la misma ceremonia también contrajeron matrimonio la mencionada reina Isabel II y su primo, el Duque de Cádiz. Luisa Fernanda se convirtió entonces en duquesa consorte de Montpensier, que era el título francés de su esposo, y la pareja regresó a París para vivir entre el Palacio de las Tullerías y el Castillo de Vincennes, desde donde saldrían con rumbo a América para convertirse en Reyes de Ecuador.

Luisa Fernanda aportó con una jugosa dote que incluían más de 57 millones de reales de vellón entre numerario, fincas y alhajas. Además recibiría una retribución anual decretada por las Cortes españolas por tres millones de reales, de los que 550.000 le correspondían como infanta y 2.5 millones como heredera inmediata de la Corona después de su hermana. Entre sus posesiones se encuentran la Real Quinta de Quitapesares (Segovia) y el Palacio de Vistalegre (Madrid), este último compartido con su hermana como herencia de la madre. Finalmente, la herencia de su padre Fernando VII ascendía a otros 32 millones, que se pagarían en cinco anualidades.

La aportación de Antonio incluye palacios, haciendas y otras tierras con una superficie total de 24.500 hectáreas, que según las proyecciones debían producir 1.2 millones de francos en los siguientes diez años. A esto se sumaba que el rey Luis Felipe I debía pagar a su nuera la cantidad de 60.000 francos anuales hasta que Antonio accediera a su herencia.

Descendencia Editar

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La familia de Antonio I (1865).

Luisa Fernanda y Antonio tuvieron nueve hijos, todos nacidos en Ecuador y de los que únicamente cuatro llegaron a la edad adulta, teniendo su propia descendencia:

Reina consorte de Ecuador Editar

Véase también: Anexo: Línea temporal del reinado de Antonio I de Ecuador

La propuesta de la corona Editar

En 1846 el general Juan José Flores, ex-presidente ecuatoriano derrocado por la Revolución marcista de 1845, llega a Europa con planes de crear un Reino de Ecuador que tuvo eco entre algunas Cortes reales con pretensiones en América. Flores tuvo contacto principalmente con el rey Luis Felipe I de Francia y la reina madre española María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, quienes accedieron a financiar el proyecto para colocar en el trono a los hijos de ambos que acababan de casarse.

La reina María Cristina estaba motivada también por el hecho de que si la pareja viajaba a Ecuador y se convertían en monarcas, alejaría el peligro político que representaba tenerlos cerca de la joven Isabel II, cuyo reinado en España estaba tambaleante por las continuas reclamaciones carlistas por la Pragmática sanción de 1830 que permitía reinar nuevamente a las mujeres si no tenían hermanos varones.

Cuando la propuesta monárquica fue expuesta ante Antonio y Luisa Fernanda, la pareja se entusiasmó inmediatamente, soñando con planes de grandeza y dejándose llevar por el romanticismo de la juventud, pues para entonces los duques tenían apenas 22 y 15 años respectivamente. Pronto iniciaron los planes de viaje y se mandaron a pintar magnos retratos con el célebre Franz Xaver Winterhalter para llevarlos consigo a su nuevo hogar.

El viaje a América Editar

El 10 de enero de 1848 los Duques de Montpesier fueron declarados oficialmente como Reyes de Ecuador en una fastuosa ceremonia que tuvo lugar en la Galerie de la Paix del Palacio de las Tullerías (París). Al acto acudieron, además de la misión de diplomáticos americanos que representaban al Gobierno ecuatoriano y estaba presidida por el monarquista mexicano José María Gutiérrez de Estrada, los reyes franceses y padres de Antonio, Luis Felipe I y María Amelia; la reina y madre de Luisa Fernanda, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias; los hermanos de Antonio, un delegado de la reina Isabel II de España y otro del papa Pío IX.

Entre las primeras decisiones de los nuevos monarcas ecuatorianos estuvieron los nombramientos de José Joaquín de Mora como ministro plenipotenciario del nuevo Reino ante España e Italia, y del monarquista mexicano José María Gutiérrez de Estrada para Gran Bretaña y Francia, convirtiéndose así en los dos primeros funcionarios nombrados por la Casa Real.

El embarque en el puerto francés de El Havre duró varios días, pues los Reyes no habían escatimado en compras para instalarse cómoda y lujosamente cuando llegaran a Ecuador, llevando muebles, tapices, alfombras, relojes, obras de arte y, por supuesto, sus más preciadas joyas y ropajes. Finalmente, esperando buen clima, zarparon el 16 de enero de 1848, haciendo una escala de aprovisionamiento en las islas portuguesas de Madeira.

Las Reyes llegaron a La Habana el 16 de febrero, siendo recibidos por el capitán general de Cuba, Leopoldo O'Donnell, que los instaló en el Palacio de los Capitanes Generales. Durante su breve estancia en la isla comenzarían a sospechar que la Reina se encontraba embarazada por primera vez, lo que fue confirmado por los médicos el 28 del mismo mes.

El 3 de marzo se embarcan nuevamente con rumbo a Río de Janeiro, donde pasaron unos días como invitados del emperador brasileño Pedro II. Allí se enteraron del derrocamiento del padre de Antonio que había sucedido el 25 de febrero, pero decidieron continuar el viaje.

Cuando la joven pareja llegó al puerto de Guayaquil un 18 de abril, no fueron bien recibidos por los habitantes de la ciudad, de clara tendencia republicana, por lo que apenas descansaron una noche y emprendieron el largo viaje de ascenso hacia la cordillera de los Andes. Fueron mejor recibidos en Guaranda el 25 de abril, pasando un par de días en una hacienda del sector debido a los estragos del embarazo de la Reina, enamorándose del parecido que encontraban el paisaje con los valles de los alpes franceses.

Tras pasar por Ambato, Latacunga y Machachi, finalmente hicieron su ingreso triunfal en Quito el  1 de mayo, donde fueron recibidos masivamente, aunque los asistentes eran una mezcla entre meros curiosos y verdaderos simpatizantes de la monarquía. Se instalaron en el Palacio de Carondelet y con el pasar de los días fueron adentrándose en la cotidianidad de la ciudad, y por ello preocupándose por el estado en el que habían encontrado el país.

Los primeros años Editar

Luisa Fernanda y su esposo empezaron a configurar una Corte con rígidos protocolos inspirada en la francesa, para ello empezaron reconociendo nuevamente todos los títulos españoles que habían sido abolidos por Simón Bolívar y la República, haciéndolos títulos ecuatorianos y creando otros tantos para personajes destacados como Juan José Flores, el general Vicente Aguirre y otros antiguos héroes de la Independencia, intentando así ganarse su simpatía.

En junio el Rey creó la Orden de Antonio I, para condecorar con ella a todos los miembros de la familia real. Por su parte, en agosto autorizó a Luisa Fernanda para crear la Orden de San Luis Gonzaga, de carácter estrictamente femenino y con la que podría reconocer las labores benéficas o en bienestar del Estado que tuvieran las damas del país. La princesa María Isabel nacería el 21 de septiembre y el evento fue celebrado por todo lo alto pese al sexo del bebé, pues todos esperaban que fuese el varón heredero de la Corona.

Con el pasar de los meses, y ya con la Reina recuperada de su parto, los monarcas comenzaron a presidir grandes bailes y recepciones que empezaron a tener lugar en el Palacio de Carondelet, y que pronto se convirtieron en los actos sociales más esperados y comentados de la ciudad. Sin embargo, estos mismos eventos evidenciaron la necesidad de una residencia real más apropiada, por lo que la pareja inició la construcción del Palacio de Alameda entre 1852 y 1857.

La Quito a la que llegaron los Reyes distaba mucho de las grandes capitales europeas, con problemas de salubridad, pobreza, analfabetismo, mendicidad y enfermedades sociales. Razones por las que Luisa Fernanda se volcará a la labor humanitaria, fundando la Sociedad de Beneficencia Domiciliaria en 1849, contribuyendo constantemente a las instituciones de caridad y participando de sus felices acontecimientos familiares a las clases más desprotegidas, entre las que reparten directamente limosnas y alimentos.

Pese a todo, la profunda convicción católica de la capital de su nuevo Reino es un regocijo para Luisa Fernanda, de un carácter religioso que casi raya en el fanatismo, y más temprano que tarde se involucrará en la vida de las misas y procesiones de ese Quito con alma de beata. Era común ver a la familia real en todas las misas de Semana Santa que se celebraban en la Catedral, en la columnata del Palacio de Carondelet viendo el paso de las procesiones, y la Reina en particular solía presidir el rompimiento del velo cada miércoles santo.

Los Reyes le tenían especial devoción a la Virgen del Quinche, cuya romería solían no solo acompañar, sino también financiar cada año. Además la Reina acostumbraba obsequiar cada una de las vestimentas que la Virgen necesitaba para todos los actos especiales, por lo que en 1852 fue nombrada presidenta de la recién creada Hermandad del Quinche.

La educación de los niños era otro tema que preocupaba hondamente a la Reina, por ello fomentó y financió la creación de varias escuelas de párvulos y escuelas dominicales para jovencitas que no pudiesen estudiar entre semana. Uno de estos centros fue la Escuela de Santa Justa y Rufina, inaugurada el 2 de abril de 1850 en una casa que Luisa Fernanda adquirió cerca de la Plaza de Santo Domingo. Es de rescatar que la misma Reina en persona solía acudir a estos centros para comprobar su buen funcionamiento, así como los premios que dejaba para los estudiantes destacados.

En general, el crecimiento personal de Luisa Fernanda en los primeros años de reinado la hicieron pasar de una adolescente poco instruida y desinteresada de los asuntos del Gobierno, aunque también soñadora y con delirios de grandeza, a una mujer de Estado, gobernante capaz, sensible, caritativa y la consejera más que adecuada para el Rey.

Una Reina madura Editar

Los años siguientes Luisa Fernanda asumió las funciones propias de su rango como consorte y, durante las largas épocas que Antonio visitaba el interior del país, también encabezó la regencia del Reino como dictaba la Constitución. Esto le permitió involucrarse de manera directa en el gobierno, aprendiendo las artes de la política y la economía.

Luisa Fernanda fue piedra angular de las reformas que el Rey trazó para modernizar Ecuador y convertirlo en una potencia económica, no solo con el apoyo moral que se esperaba de ella como pareja, sino también con la participación activa en reuniones y la toma de decisiones. Como Regente llegó a promulgar una justa limitación de las horas de trabajo (1851) y la abolición de los castigos corporales (1852); además impulsó proyectos empezados por su esposo como la el Ferrocarril Transandino entre Guayaquil y Quito, el telégrafo y el transporte a vapor.

Se interesó por la beneficencia y el frente social del gobierno, creando sus propios proyectos personales como la apertura de guarderías, asilos de ancianos, hogares para pobres y orfanatos en varias ciudades del país. En 1852 impulsó junto a su esposo y el Cabildo de Quito la construcción de los jardines del Paseo de La Alameda y la Plaza Grande, así como del Monumento a la Independencia que se inauguró al centro de esta última en 1855, invirtiendo su propio dinero para financiarlos en parte.

En marzo de 1857 tuvo un aborto natural tras cuatro meses de gestación, así que para animarla y mantener su mente ocupada Antonio la envió a una gira por el sur del país, que tuvo lugar entre agosto de 1857 y febrero de 1858, y fue así como se convirtió en la primera gobernante ecuatoriana en visitar las ruinas de Ingapirca (Cañar) y reconocer su estatus como patrimonio nacional.

En el segundo semestre de 1864 y con 32 años de edad, Luisa Fernanda se embarcó junto a su esposo en el BSM Ecuador para una extensa gira latinoamericana que llevó a la pareja real ecuatoriana por nueve países de Sudamérica: Perú, Chile, Patagonia, Argentina, Fluminia, Paraguay, Uruguay, Ituquari, Brasil y Martinia. Esta acción, considerada una exitosa estrategia de campaña política nacional, fue clave para llevar a la Monarquía ecuatoriana a tener un alcance continental y a que se reconociera al país como líder regional.

En el plano personal, la década de 1870 en la vida de la Reina se vio empañada por las sucesivas muertes de la mayor parte de sus hijos: María Amelia en 1870, Fernando en 1873, Luis en 1874, María de la Regla en 1861, Felipe en 1862, María de las Mercedes en 1878, y María Cristina en 1879. Finalmente sólo le sobrevivieron dos: María Isabel, que falleció en 1919, y Antonio II que murió en 1930.

Regencias Editar

De acuerdo a la Constitución, Luisa Fernanda se hizo cargo de la Regencia del Reino durante seis ocasiones a lo largo de su vida:

  • 20 de abril al 21 de mayo de 1851, cuando el Rey viajó a Guayaquil por asuntos del inicio de la construcción del Ferrocarril Transandino.
  • 23 de junio al 26 de julio de 1852, cuando el Rey viajó a Guayaquil para la inauguración del primer tramo del Ferrocarril Transandino, entre Guayaquil y Babahoyo.
  • 17 de mayo al 4 de agosto de 1856, cuando el Rey viajó a la frontera sur del país para entrevistarse con el emperador Jorge I de Perú y buscar el fin de la Primera Guerra Ecuatoriano-Peruana.
  • 9 de marzo al 14 de abril de 1863, cuando el Rey viajó a Guayaquil para la botadura del BSM Ecuador, primer buque privado de la Familia Real ecuatoriana.
  • 11 de julio al 20 de agosto de 1879, cuando el Rey viajó a Esmeraldas para visitar los terrenos en los que a futuro se desarrollaría la construcción del nuevo puerto.
  • 7 de abril y 4 de mayo de 1882, cuando el Rey viajó a Esmeraldas para inaugurar el Muelle Patria, primero de los tres proyectados en el nuevo puerto del país.

Las damas de la Reina Editar

Inicialmente la Reina tuvo opción de elegir a dos Damas de Honor y seis Damas de Palacio, pero después de un año se notó que el trabajo era demasiado fuerte para las mismas, por lo que se aumentó a cuatro Damas de Honor que debían alternar cada dos días, y catorce Damas de Palacio de las que rotaban dos diarias. Luisa Fernanda mantuvo este ritmo hasta el año 1890, cuando su esposo falleció y ella se convirtió en Reina madre, desde entonces sus damas dejaron de ser cambiadas hasta su muerte en 1897.

La Corte de Luisa Fernanda estaba claramente dominada por la presencia de la familia del primer ministro Juan José Flores, que permanecieron en sus cargos aún después de que el Duque entró en desgracia ante los ojos del Rey por la Independencia de Guayaquil. También destacaban en este monopolio social las hermanas Klinger-Serrano y las Quiñones de Cienfuegos.

Damas de HonorEditar

  • Mercedes Jijón de Vivanco (n.1811-f.1878), duquesa consorte de Aramburu. Dama de Honor entre 1848 y 1870, reemplazada por:
    • Leonor Klinger Serrano (n.1831-f.1906), condesa consorte de Angla. Había sido Dama de Palacio desde 1848, ascendida a Dama de Honor entre 1870 y 1897.
  • María Larrea Bou (n.1809-f.1878), baronesa titular de Bou (1850). Dama de Honor entre 1849 y 1878, reemplazada por:

Damas de Palacio Editar

  • Joaquina Guerrero y Dávalos (n.1810-f.1877), condesa titular de Selva Florida. Dama de Palacio entre 1848 y 1874, reemplazada por:
    • (1864-1897)
  • Francisca Rico y Rocafuerte (n.1813-f.1852), I baronesa consorte de Palenque. Dama de Palacio entre 1848 y 1852, reemplazada por:
    • (1852-1897)
  • Josefa Rodríguez Mera (n.1795-f.1875), baronesa consorte de Quisapincha. Dama de Palacio entre 1849 y 1862, reemplazada por:
    • (1862-1897)
  • Mercedes Donoso y Lasso de la Vega (n.1813-f.1882), baronesa consorte del Real Agrado (1852, casada 1830). Dama de Palacio entre 1849 y 1882, reemplazada por:
    • (1882-1897)
  • Antonia de Aguirre y Angulo (n.1817-f.1878), condesa consorte de La Vega (1852, casada 1833). Dama de Palacio entre 1849 y 1878, reemplazada por:
    • (1878-1897)
  • Virginia Klinger Serrano (n.1823-f.1892), condesa consorte de Chillo-Compañía (heredado en 1869, casada 1841). Dama de Palacio entre 1849 y 1892.
  • Rosario Pérez Pareja (n.1830-f.1901), marquesa consorte de Miraflores (casada 1850). Dama de Palacio entre 1849 y 1897.
  • Leonor Klinger Serrano (n.1831-f.1906), baronesa consorte de Angla (1854, casada 1854). Dama de Palacio entre 1849 y 1870, cuando es ascendida a Dama de Honor, reemplazada por:
    • (1870-1897)
  • Elvira Flores de Aramburu y Jijón (n.1832-f.1904), baronesa consorte de Catarama (1850, casada 1844) e hija de los Duques de Aramburu. Dama de Palacio entre 1849 y 1878, cuando es ascendida a Dama de Honor, reemplazada por:
    • (1878-1897)

El asunto del trono español Editar

Las relaciones entre los Orleans-Borbón y la reina Isabel II de España fueron a menudo difíciles, pues a poco tiempo del matrimonio se llegó a saber de los planes del rey francés Luis Felipe I para que Antonio y su mujer se quedaran con el trono español; además, en el campo político el Duque chocaba frontalmente con varios miembros de la familia real.

Es debido a este tema que en cuanto apareció la oferta del trono ecuatoriano, la reina madre española María Cristina hizo todo lo posible para que los Duques de Montpesier se quedaran con él, y de esa manera no solo alejarlos de la Corte madrileña, sino también restarlos de la avalancha de conspiraciones que diariamente acechaban a la joven reina Isabel II. Sin embargo, y a pesar del viaje a América en donde se ciñeron su propia corona, los Antonio y Luisa Fernanda siguieron siendo usados para los planes de derrocamiento.

En 1868 tuvo lugar la revolución conocida como "La Gloriosa", que destronó a Isabel II, ocasión aprovechada por el ya entonces rey Antonio I de Ecuador para entrar en la lista de candidatos monárquicos para España. Envió una carta al Congreso español en la que anunciaba que de ser escogido abdicaría la corona ecuatoriana en favor de su segundo hijo varón, Antonio de Orleans-Borbón, y viajaría a Madrid junto al primero, Fernando María asegurando así la sucesión de ambas naciones.

Pese a que invirtió mucho dinero en propaganda y a que contaba con varios adeptos a su causa, su suerte estaba echada, pues muchos diputados lo consideraban un monarca extranjero que ponía en riesgo la soberanía de España. Así, su candidatura recibió solo 60 votos contra los 191 de Amadeo de Saboya, sesión en la que además, y de manera inesperada, Luisa Fernanda recibió también un voto.

Ansiosos por también hacerse con el trono español de cualquier manera, ya fuese para ellos o alguno de sus hijos, animaron a la princesa María de las Mercedes cuando se enamoró y luego se casó con Alfonso XII, que había recuperado el trono de España en 1874 tras la abdicación de su madre. Sin embargo la unión duró poco, pues la joven María de las Mercedes murió meses después de la boda.

últimos años Editar

La década de 1870 fue quizá la más convulsa del reinado de Antonio I y Luisa Fernanda, pues en 1876 la Revolución Liberal presidida por el primer ministro Ignacio de Veintemilla que amenazó seriamente con derrocar la monarquía, terminó por independizar las provincias de la región del Golfo en la República de Guayas.

En la década de 1880 hubo poco movimiento político más allá de las reformas civiles emprendidas por los primeros ministros Chiriboga y Gómez de la Torre, de tendencia liberal moderada. Para entonces la Reina se había convertido en una figura materna para los ecuatorianos, aunque su popularidad era compartida con la esposa del príncipe heredero, la infanta española Eulalia de Borbón.

El rey Antonio I falleció el 5 de febrero de 1890, víctima de una apoplejía cerebral que le atacó mientras se encontraba en sus apartamentos del Palacio de Alameda. Sus restos mortales fueron velados en la Basílica del Sagrado Corazón y enterrados en la Cripta Real del mismo templo. Fue inmediatamente sucedido en el trono por el único hijo varón que le sobrevivió, Antonio II.

Luisa Fernanda pasó a convertirse en la Reina madre, título nunca otorgado por la Casa real, pero que se popularizó por una nota nota de condolencias publicada en el Diario El Comercio. Sus últimos años los pasó en la Hacienda Pusuquí, la residencia estival de Pomasqui que ella misma había adquirido en 1849, lo que limitó enormemente sus viajes a Quito. Allí falleció de un paro cardio-respiratorio el 2 de febrero de 1897, mientras dormía plácidamente en su recámara.

Al igual que en la muerte de su esposo, sucedida siete años antes, sus restos fueron velados en la Basílica del Sagrado Corazón y enterrados en la Cripta Real del mismo templo, junto a los del primer Rey ecuatoriano y los príncipes que habían partido antes que ellos.

Títulos, tratamientos y distinciones Editar

  • 30 de enero de 1832 - 9 de octubre de 1846: Su Alteza Real la infanta Luisa Fernanda de España.
  • 10 de octubre de 1846 - 9 de enero de 1848: Su Alteza Real la duquesa Luisa Fernanda de Montpesier, infanta de España.
  • 10 de enero de 1848 - 5 de febrero de 1890: Su Majestad la reina Luisa Fernanda de Ecuador.
  • 6 de febrero de 1890 - 2 de febrero de 1897: Su Alteza Real la reina viuda Luisa Fernanda de Ecuador.

Distinciones honoríficasEditar

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