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María Echeverría, duquesa de Puno

La Duquesa de Puno (circa 1860).

María de la Encarnación Echeverría (Trujillo, 16 de julio de 1824 - Lima, 17 de diciembre de 1911) fue una aristócrata peruana, I duquesa de Puno, célebre por haber sido el gran amor del emperador Jorge I y madre de sus tres único hijos. Si bien no se le permitió ser emperatriz consorte, ejercía el papel sin necesidad del título, pues el monarca la presentaba como su esposa y se mostraba orgulloso de ella.

Biografía Editar

María de la Encarnación Francisca Josefa Gabriela Echeverría y Montesuno nació el 16 de julio de 1824 en la ciudad peruana de Trujillo, al norte del Imperio. Era la cuarta hija del próspero comerciante español Juan José Echeverría Orbegoso y la aristócrata limeña Josefa Montesuno y López de Castro, que constituían una de los matrimonios más ricos de la región y que poseían grandes inversiones en Europa.

Relación con Jorge I Editar

María conoció al futuro emperador Jorge I cuando éste todavía era príncipe de Cusco, en un baile en su honor que el Cabildo de Trujillo organizó durante la visita del heredero del trono a la ciudad en 1846. Mantuvieron una relación epistolar de dos años antes de que la pareja se reencontrara en Lima hacia finales de 1848, y comenzaran a verse con regularidad, acercándose sentimentalmente.

Poco antes de la muerte del emperador Adolfo I, el Príncipe le pidió su aprobación para casarse con María, a lo que el monarca se negó de manera rotunda argumentando que, pese al origen aristócrata y adinerado de la joven, no tenía la altura social suficiente para convertirse en la futura emperatriz consorte del país.

Cuando finalmente se convirtió en Emperador intentó casarse nuevamente con ella, otorgándole el título de Duquesa de Puno, pero el Congreso se lo impidió esgrimiendo el mismo argumento del padre. Resignado y molesto, Jorge I decidió nunca contraer nupcias con nadie más que no fuese María, pues desde su juventud no había ocultado su opinión de que los matrimonios arreglados estaban condenados al fracaso, un escenario que no deseaba para su propia vida familiar.

El Emperador le regaló a María una mansión en el centro de Lima para poder visitarla diariamente y de una manera más cómoda, así mismo le obsequió un hermoso palacio rural a las afueras de la ciudad para escaparse los fines de semana. A ojos de todos, la pareja tenía una vida marital normal y la Duquesa no era mal vista por la Iglesia, lo que ha llevado a muchos a pensar que pudieron haber contraido matrimonio en secreto para evitar que el Congreso le quitara la Corona a Jorge.

Debido a su popularidad entre el pueblo, el Emperador pudo darse el lujo de hacer una vida bastante pública junto a María, a quien visitaba casi a diario y con la que frecuentemente pasaba las noches hasta su muerte en 1904. No se conoce que haya tomado ninguna amante, dedicando su vida sentimental a la que el presentaba como su esposa, llevándola al teatro, viajes oficiales, e incluso a los bailes del Palacio imperial como anfitriona.

Descendencia y sucesiónEditar

De la relación entre María y el emperador Jorge I nacerían tres hijos, todos reconocidos legalmente con el apellido FitzGeorge, que en alemán significa "hijo de George" (nombre original del monarca):

Al ser fruto de una relación aparentemente no marital, ninguno estaba dentro de la línea de sucesión al trono, pero sí recibieron títulos nobiliarios por parte de su padre, quien además les procuró buenos matrimonios y una vida confortable gracias a una gran herencia personal que dejó a cada uno al momento de su muerte.

Los niños visitaban casi a diario el Palacio Imperial, donde tenían sus propias habitaciones y eran tratados como príncipes. Sin embargo, el Congreso exigió por largo tiempo a Jorge I para que reconociera como heredero del trono a su sobrino Adolfo, hijo de la princesa María Adelaida y Francisco de Teck, que residían en Reino Unido.

Finalmente el Emperador cedió a la presión, y en 1887 mandó a traer a toda la familia de su hermana que exigió al Emperador mantener alejados a los niños y a María de Palacio, siendo ella misma quien debía pasar a tomar el papel de Consorte. Sin embargo, la Princesa no tuvo una mala relación con la Duquesa de Puno y sus sobrinos, a quienes visitaba constantemente y de quienes incluso sería madrina de sus hijos.

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