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Palacio de Alameda 01

El Palacio de Alameda, también llamado Palacio Real de Quito, es la residencia oficial de la Casa de Orleans-Borbón en la capital ecuatoriana y, por tal efecto, del Rey de Ecuador y su familia. El conjunto recibe su nombre del histórico parque que se encuentra en frente, y está ubicado en el distrito Ciudad Nacional, sobre el Paseo del Rey, entre las avenidas Orleans al occidente y Borbón al oriente.

El complejo original fue construido entre 1869 y 1874 por orden de Antonio I, para lo que usó parte de la cuantiosa fortuna que poseía junto a su esposa Luisa Fernanda de Borbón, y por ello el conjunto es propiedad privada de la familia real hasta la actualidad. El edificio, diseñado por el arquitecto danés Thomas Reed, fue el primero de una serie de grandes obras arquitectónicas que cambiaron la cara de la capital ecuatoriana tras los terremotos de 1868.

Es importante señalar que aunque el palacio constituye la residencia oficial del Rey, ningún miembro de la Casa Real ha vivido en el edificio desde que Álvaro I ascendió al trono en 1975 y se decantó por el Palacio de Capelo, donde venía haciendo su vida como príncipe de Azuay. Posteriormente, y tras una larga restauración de cinco años, el recinto abrió sus puertas al público como un museo desde 1981.

Historia Editar

Antecedentes Editar

Inmediatamente después de su llegada al país Antonio I y Luisa Fernanda se instalaron en el Palacio de Carondelet, centenaria sede de las autoridades españolas durante la época colonial y que tras la Independencia se había convertido en la Casa de Gobierno de la República de Ecuador. El edificio había sido renovado en entre 1841 y 1845 por orden del presidente Juan José Flores, aunque la mayor parte de cambios habían sido para mejorar la imagen exterior solamente.

En mayo de 1848 llegaron a ocupar el edificio los reyes Antonio I y Luisa Fernanda, que en pocos meses vivieron allí el nacimiento de su primera hija, la princesa María Isabel. Pese a que los Orleans-Borbón no encontraron del todo confortable y a su altura el nuevo hogar preparado por el general Flores, comenzaron a realizar algunos trabajos en los interiores con la finalidad de hacerlos más cómodos para una vida palaciega.

El 15 y 16 de agosto de 1868 sucedieron dos terremotos en la provincia de Imbabura, al norte del país, que no solo causaron la completa destrucción de ciudades como Tulcán e Ibarra, sino que ocasionaron gravísimos daños en docenas de edificios de Quito, incluidos el Palacio y todos los monasterios y conventos. Debido a los graves daños en Carondelet y la seguridad de la Familia Real, las dos primeras noches después de la catástrofe se alojaron en el Palacio Arzobispal.

El 18 de agosto los Reyes, príncipes y la Corte se trasladaron a la Real Hacienda Pusuquí, en el valle de Pomasqui, que no había sufrido mayores afectaciones más allá de la caída de algunos edificios de servicio. Para entonces Antonio I ya había barajado por un par de años la idea de construir una nueva y más amplia residencia regia en la zona del Paseo de La Alameda, que con el desastre se convirtió de pronto en una realidad.

Diseño y construcción Editar

Construccion del Palacio de Alameda (1858)

Daguerrotipo de la construcción (1873).

El predio al que apuntaron Antonio I y Luisa Fernanda en La Alameda estaba prácticamente desocupado, pues constituía una prolongación del parque que nunca había sido ajardinada y donde se levantaba únicamente una picota, columna que durante la época colonial había sido utilizada para el castigo de los delincuentes e infractores. Hacia la esquina suroccidental se erigía también la antigua y pequeña Capilla de la Vera Cruz, datada del siglo XVI pero que prácticamente se había venido al suelo tras los terremotos.

Los terrenos fueron adquiridos al Cabildo y a la Diócesis a muy buen precio a finales de 1868, se unificaron y se contrató para el diseño al arquitecto danés Thomas Reed, que junto a otros como el quiteño Juan Pablo Sanz y el prusiano Franz Schmidt dirigían los trabajos de reconstrucción de la ciudad. La primera piedra fue colocada el 16 de agosto de 1869 y la obra fue entregada en mayo de 1874, tras lo cual empezó el proceso de amoblamiento y decoración de los espacios interiores.

El Palacio de Alameda fue inaugurado con una gran fiesta en los jardines el 10 de agosto de ese mismo año, como parte de las celebraciones del 48° aniversario del Primer Grito de Independencia. La nueva residencia real se había pensado como el eje de desarrollo de una nueva ciudad jardín europeizada que debía crecer hacia el norte y rodeando el parque, hasta donde pronto se comenzaron a trasladar algunas de las familias más importantes de la ciudad y que, con el tiempo, también se convirtió en el eje de las instituciones culturales del país.

Arquitectura Editar

Palacio de Alameda 02 (detalle de las loggias)

Detalle de las loggias.

El Palacio de Alameda se encuentra al final de la pequeña planicie conocida antiguamente como Chuquihuada (punta de lanza), de forma triangular y que se va abriendo hacia el norte, en donde cae por una pronunciada pendiente tras la que inicia el Valle de Iñaquito.

Es parte del importante conjunto urbano que rodea el parque La Alameda, polo de desarrollo de Quito hacia la segunda mitad del siglo XIX, y en torno al cual se levantaron los primeros edificios civiles de carácter monumental en el país. Los vecinos más cercanos del palacio son el Museo Nacional de Alameda, la Basílica del Sagrado Corazón, la Biblioteca Nacional y varias mansiones particulares de gran belleza arquitectónica.

Visualmente, el edificio sintetiza los lenguajes historicista y ecléctico que tan de moda empezaba a estar en Europa por la época en que se construyó, pero que tardaron en llegar a América, por lo que constituye el primer edificio de su estilo en el país y uno de los pioneros del continente. Reed tomó como inspiración principal los grandes palacios renacentistas italianos con loggias (balcones cubiertos a modo de galerías), y le añadió un volumen neoclásico central para darle jerarquía visual.

El edificio es de composición simétrica y de dos pisos, con un cuerpo central neoclásico y tímpano que jerarquiza la fachada principal hacia el sur, desde el que se extienden dos pabellones hacia los costados hasta alcanzar los 123 metros de largo. Las esquinas rematan en torres, desde las que se extienden dos pabellones más hacia atrás, hasta formar una estructura con forma de herradura.

El palacio está orientado hacia el sur para obtener una vista del parque La Alameda, de tal manera que los jardines se prolongan visualmente. La estructura fue levantada con mampostería de ladrillos cerámicos y vigas de hierro traídas de Francia, ambas técnicas totalmente novedosas para esa época en una ciudad que aún construía con adobe. El enlucido exterior es una mezcla de adobe y yeso para lograr mayor resistencia, mientras que al interior es exclusivamente de yeso.

Interiores Editar

Resulta interesante ver el avance de las obras en los interiores del Palacio de Alameda, pues mientras las decoraciones de los salones de Estado del segundo piso estuvieron listas en gran parte para la inauguración del edificio en 1874, o fueron terminadas en la siguiente década, las de los apartamentos privados de la familia real se tardaron casi 20 años más. Esto demuestra la gran cantidad de dinero que invirtió de un solo tirón la Casa de Orleans-Borbón en su residencia soñada, tanto que debieron dejar la decoración de sus propios aposentos para después.

Los trabajos encargados simultáneamente a grandes pintores de la época como Antonio Salas Avilés, Luis Salguero, Feliciano Villacrés, Ramón Salas Cansino o Matías Navarrete, así como a escultores de la talla de Severo Carrión, José Miguel Vélez o Manuel Vaca Ribas, podría ser una de las causas de este enorme coste que representó la primera etapa decorativa de los interiores de Alameda.

Y es que al parecer los antiguos Duques de Montpesier, que tanto habían deseado ser Reyes, no iban a escatimar en gastos para deslumbrar a propios y extraños con su palacio real a la altura de cualquiera que pudieron habitar en España o Francia. Seguro por esta misma razón mandaron a elaborar muebles especiales para cada espacio en talleres no solo europeos, sino también ecuatorianos, en particular las alfombras de Guano (Chimborazo), que atrajeron la atención de los Reyes.

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